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PLURALISMO Y DERECHOS HUMANOS

Democracia Republicana y República Democrática.

La democracia que no es republicana no es democracia, como también si la república no es democrática no es república.

Esto es así porque Democracia y República son conceptos que se complementan y que son inseparables.

Una democracia sin división de poderes, sin alternancia en el ejercicio del poder y sin límite para los mandatos presidenciales, corre el peligro de convertirse en un totalitarismo.

El imperio de la ley.

En tanto que una república, en donde impera la legalidad pero se limita la participación popular en lo político, económico y social, corre el peligro de convertirse en un régimen oligárquico que provoque marginalidad.

Por lo tanto, a la hora de interpretar las normas constitucionales y convencionales de derechos humanos, es preciso armonizar los conceptos de Democracia y República.

Las constituciones que ponen un límite a las reelecciones presidenciales, lo hacen para evitar que alguien se perpetúe en el poder.

En este sentido la constitucionalista María Angélica Gelli dice: “La tentación de perpetuarse en el poder lleva la política agonal a sus extremos, con olvido de las necesidades de la política arquitectónica , o subordina a esta a aquella lucha, con desmedro de las libertades públicas y el bienestar de sus habitantes.

Por otro lado, la permanencia en el poder de una misma persona supone que el sistema republicano es débil.

En efecto, si se insiste en la absoluta pertinencia y capacidad del perpetuo candidato se está sosteniendo, indirectamente, la inexistencia de reemplazantes tan o más idóneos que el antecesor”.

El peligro de la reelección indefinida.

A mi modesto entender, las constituciones que habilitan la reelección indefinida, ponen el peligro a la democracia republicana, porque esto puede terminar corrompiendo a sus instituciones políticas.

El artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos, no debe interpretarse en forma antojadiza y utilizarse para abrirle el camino a quienes quieren perpetuarse en el poder, para que puedan presentarse indefinidamene a elecciones, dificultando la necesaria renovación que tiene que haber en todo sistema político.

La oportunidad de acceder a la dirección de los asuntos públicos, de la que habla ese artículo, debe ser para todos los ciudadanos en un plano de igualdad y esa igualdad está amenazada, si a quien detenta el poder no se le pone un límite para competir electoralmente.

La Convención Americana de Derecho Humanos con este artículo, lo que pretende es evitar, es que se le impida a cualquier ciudadano o ciudadana, ejercer sus derechos políticos.

Esta no es una norma que se refiere a cómo tiene que ser ejercido el poder en cuanto a duración, alcance y límite de mandatos.

Por eso señala Cristina Adén que “por ese motivo, las normas constitucionales que vedan  o  limitan  las  re-elecciones no vulneran ni el derecho a ser elegido de quienes no pueden ser-lo,  ni  el  derecho  a  elegir  de  los  que  desearían  la  reelección”.

El artículo 23 de la Convención, solamente quiere evitar que cada ciudadano o ciudadana sea víctima de hechos de discriminación o exclusiones arbitrarias.  

La Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso “Yatama Vs. Nicaragua”, en la sentencia del Sentencia de 23 de junio de 2005,  ha dicho: “Los Estados pueden establecer estándares mínimos para regular la participación política,  siempre y cuando sean razonables de acuerdo a los principios de la democracia representativa”.

El límite de los mandatos.

Por lo tanto, el límite a los mandatos presidenciales es razonable y puede incluirse dentro de los estándares mínimos de una participación equitativa de todos los ciudadanos, lo que garantiza el pluralismo político.

En este sentido la Corte Interamericana de Derecho Humanos en “Castañeda Gutman Vs. México” mediante una resolución del 25 de noviembre de 2005 señaló: “Los derechos políticos consagrados en la Convención Americana, así como en diversos instrumentos internacionales, propician el fortalecimiento de la democracia y el pluralismo político”.

Democracia Pluralista.

Una democracia con pluralismo político es la mejor forma, de conseguir una vigencia plena de los derechos humanos, por ello es necesario evitar que quien ejerce la presidencia de la nación, se perpetúe en el poder.

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